Salvo en aquellas situaciones  de enfermedades o tratamientos médicos/quirúrgicos previos, que alteren la anatomía o  el normal funcionamiento del aparato reproductor, en el resto de las ocasiones  no solemos saber si existe algún tipo de problema reproductivo hasta que se intenta conseguir una gestación y vemos que no se produce.

La esterilidad es consecuencia de una alteración del normal funcionamiento de unos órganos que constituyen en conjunto, lo que llamamos el aparato reproductor.

En algunas ocasiones producen síntomas clínicos, pero en la gran mayoría de ellas, no producen ningún síntoma

Estas alteraciones pueden ser anatómicas o fisiológicas, pero todas concluyen en que o bien no se producen gametos, los gametos son los  óvulos y los espermatozoides, o se producen gametos con un comportamiento anómalo. También puede ocurrir que estos gametos generen embriones no suficientemente sanos, con lo que  la evolución de los mismos se vea comprometida.

Además, tanto en el varón como en la mujer, pueden existir alteraciones anatómicas  de alguno de los órganos reproductores, ausencia de los conductos deferentes en el caso del varón o  malformaciones uterinas, en la mujer, quistes, miomas que comprometen el espacio en el interior del útero y alteraciones de las trompas de Falopio que dificultan el encuentro entre el óvulo y el espermatozoide.

Por último otro  tipo de enfermedades, como son las de origen genético, cromosómico, endocrinológico o inmunológico también pueden producir esterilidad.

El estudio reproductivo es la herramienta básica para tener una idea de lo que está ocurriendo y el diagnostico precoz es la tratamiento que nos proporciona mejores resultados